lunes, 23 de mayo de 2011

Hay que creerlo para hacerlo



La creencia es una postura intelectual, una forma de vivir y asimilar el mundo; es uno de los tantos esquemas que hacemos acerca de nuestros puntos de vista. Entre otras creencias tenemos a la familia, el trabajo, la educación y todas las habilidades que como humanos podemos desarrollar; tenemos también los valores, aquellas creencias por las que podríamos dar la vida. Eso son las creencias, una posición frente al entorno, un conjunto de pensamientos.

Nuestras creencias son percepciones, imágenes mentales, recuerdos actualizados de nuestras relaciones parentales y varios de esos recuerdos provienen del trauma, pocos de la instrucción.

Según las enseñanzas clásicas y contemporáneas (Sócrates,San Agustín, Kempis, Loyola, Freud) el sufrimiento es un maestro cuya doctrina atempera los calientes y soporíferos deseos mundanos. Cada vez que uno sufre, se educa. Aunque el método es doloroso, purulento y pestilente uno aprende.

Creo que la lección es entender que somos concientes de nuestras decisiones. Una decisión es una ruptura, un momento de quiebre. Cada vez que tomamos una postura nuestro propósito es abandonar una de las dos opciones que trae la decisión. Y saber que no se puede regresar la mirada atrás confirma que no nos vamos a arrepentir.

Lo que se ha decidido está previamente en nuestra psique y lo que está allí previamente se hizo a partir de un conjunto de ideas que forman, al fin y al cabo, las creencias.

lunes, 4 de abril de 2011

Malas hierbas mentales


Cuando se es niño la observación de la naturaleza ocupa un lugar importante entre las actividades cotidianas.

Una de las cosas que llamaba mi atención era ver en los lugares húmedos y en las piedras que formaban parte de una iglesia o que estaban en el centro histórico de Quito las ramas y los musgos que brotaban por aquí o por allá y que aunque se las cortará, emergían insistentemente a la luz, como deseando beberse el sol hasta la última gota. La única posibilidad de erradicarlas era cortar las ramas esporádicamente o hacer un mantenimiento constante.

Y lo pienso con seriedad y desde un lado psicológico sucede lo mismo: tenemos ramas mentales, ataduras que todavía nos acordonan (recuerdos negativos, viejos odios, esperanzas frustradas) y que solo pueden erradicarse con la consciente paciencia de sacarlos uno a uno cada vez que se asoman para tomar la luz de nuestra fuerza individual.

No es fácil, se necesita persistencia. Los pensamientos son energía y necesitan ser canalizados. Todos sabemos cuan difícil resulta quitarse de la mente alguna mala pasada del destino; todos hemos saboreado el desagradable gusto que deja en el alma un rencor, una palabra dicha sin cautela o una acción que nos lastimó y nos queda ese amargo sabor de haber pensado de forma inadecuada.

Y hay soluciones. Conocer las leyes que rigen nuestra mente es un paso y otro básico es aprender a relajar el cuerpo.

El mantenimiento es el secreto. Nuestra mente necesita supervisión y una vez que se ha encontrado esas ramas mentales es trabajo personal hacer una higiene, sacar los pensamiento improductivos como la mala hierba e introducir nueva información. Las lecturas, las imágenes y los contextos en que la mente se encuentra plácida y conmovida esas son las actividades que uno debe frecuentar.

Como siempre, vamos a obtener resultados con la práctica. Ya los monjes ZEN decían que LA PRÁCTICA HACE AL MAESTRO. Por lo tanto practicar hasta ser dueños de nuestros propios actos mentales.

martes, 8 de marzo de 2011

Filosofías prácticas y practicadas



A veces la oscuridad que se cierne sobre nuestra vida asola, deja el alma gélida y en muchos aspectos, vulnerable.

Han llegado a mi vida con todo el respeto del caso y la sincronía del tiempo, varios libros de trabajo interno, de trabajo mental.

Me he refugiado como un lobo en su cueva para entender mi propio espacio interior, ese lugar que he constatado es gigantesco y lleno de oportunidades y no exento de peligros. He visitado nuevamente el umbral de la desesperación y he regresado con buena información: todo es mental.

La verdad me apedreó directamente en la nariz y rompió todos mis esquemas nuevamente. Ya había leido el Kybalion y creía que había entendido algo mas pero nuevamente me percato que de lo único que hay que estar seguro es de que todo cambia.

Los momentos de aprendizaje doloroso son los mas caros y de los que mas se aprende. La lección vital es seguir respirando y saber que se tiene un objetivo que cumplir porque el sentido de la vida se lo hace uno cada día, todos los días, siempre.

Cuando los momentos aciagos materializan la presencia de nuestros pensamientos sombríos y cuando alimentamos demasiado alguna baja emoción, una que sea improductiva como la falta de fe, es cuando las decisiones deben fluir naturalmente afinando el oido interior y escuchando al guia interior; se debe saber discernir a través del autoconocimiento entre lo bueno para escoger lo mejor.

domingo, 9 de enero de 2011

Tibieza




Es un hecho importante hacerse responsable de todos nuestros actos. En el viejo libro chino consultado por Confucio y por Herman Hesse, el precioso texto del I-Ching, se menciona que la decisión debe ser paralela a la precaución y mi acuerdo está completamente satisfecho. Cada vez que asumimos la responsabilidad de las cosas que hacemos y tomamos las medidas necesarias para que esas consecuencias nos afecten en la medida de lo que podamos soportar (y pagar en bienes o servicios) somos concientes de nosotros mismos, somos autoconcientes.

Sin embargo en nuestro medio humano predomina la tibieza.

La tibieza es una decisión en la vida, es un estado del ser y quien va por esa vía es alguien poco vehemente y apasionado por y con lo que hace.

En las abadías europeas del siglo XVII se salmodiaban los versos:
“Los que mueren en este mundo son numerosos
Los que viven son raros
Los que viven conservando la salud del alma no son acaso
mas que una porción escogida”

Y los monjes tenían razón. Es difícil conocerse uno mismo, es difícil llegar a la genialidad y la razón es simple: tibieza, ausencia de compromiso, falta de pasión. La enorme mayoría se debate entre ser mediocre o cobarde o quizá, una mezcla nauseabunda y coloide de los dos, solo cada quien sabe lo suyo. La tibieza es una decisión conciente, uno sabe lo que está haciendo; la tibieza es un estado admitido aún cuando se sabe las consecuencias de estos actos que ni son fríos ni calientes.

Para los cristianos la tibieza es la causa del vómito divino. En el último libro de la Biblia, en el capítulo 3, versos 15 y 16 el apóstol Juan hace hablar a Jehová y escribe: “Yo conozco tus obras que no eres ni frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca ”

CARACTERÍSTICAS DE LA TIBIEZA

La vulgaridad, la búsqueda de diputas inútiles, los conflictos callejeros, las encrucijadas son señales del individuo mediocre, del humano cobarde y todo eso da unas señales clarísimas para distinguir los espíritus ruines y bajos de los elevados y educados. Definirse y hacerse cargo de la propia vida no es para tibios, el tibio es acomodaticio, transigente, conformista, complaciente, comodón, amoldable, sin criterio propio. Es tibio por voluntad propia, por decisión, quizá por inercia.

La tibieza está en quien sabiendo que está haciendo algo que no se ajusta a un ideal digno de ser vivido sigue tropezando con la misma piedra vez tras vez y hace de su defecto costumbre y hasta lo transforma en virtud. Muchos hemos escuchado esa sátira que se le hace al borracho cuando defiende su vicio al preferir ser un alcohólico conocido que asistir para su recuperación a “Alcohólicos Anónimos”.

El tibio sabe para sus adentros que no se abandonará a una tarea de forma absoluta, que dará de sí solamente hasta cierto punto, que se quedará con algo “por si acaso”, que hará caso solamente a aquellas cosas en las que sepa que no va a arriesgar nada y que no renunciará a las cosas a las que El Divino le dice que deje. El tibio sabe para sus adentros que no quiere compromisos y menos aún pequeñas pérdidas que, si lo viera con la mirada de Él/Ella sabría qué es lo mejor para él.

ITINERARIO DE LA TIBIEZA

Para herrar, uno ha admitido en su corazón el deseo de hacerlo; se yerra con facilidad cuando uno se ha vuelto cómplice del lado maléfico y le ha dado cabida en su mente, en sus pensamientos al deseo de hacer el mal, de dañar, de no darse cuenta con qué facilidad se puede destruir. En psicoanálisis bien se podría decir que la pulsión ha encontrado su camino y ha manifestado fehacientemente el lado más natural del deseo: la satisfacción inmediata del instinto. Igualmente, la virtud destemplada puede ser otra forma en la que la voluntad individual había aceptado secretamente el desliz de no acomodarse al frio o al calor de la decisión tomada con responsabilidad y al hecho de asumir las consecuencias positivas y negativas inherentes a todo acto voluntario.

Y creo que existen soluciones. La mayoría de nosotros cree en algo superior, el nombre y la doctrina no están en cuestionamiento. Puede ser Buda, Jehová, Alá o Kantu, el significante no modifica al significado, este último se mantiene. Cuando tenemos un referente basado en la existencia de un ser superior, actualmente considerado por la antropología como “el Divino”, sabemos que se requiere de una entrega absoluta a Su Voluntad, de no reservarse nada para sí mismo sino todo para “El/Ella” (estoy convencido que el Divino tiene los dos géneros a la vez), de entender que toda la capacidad que tengo para querer se la atribuyo a El/Ella, que soy un fiel administrador de todos los dones que poseo y que soy un leal discípulo, un seguidor de la verdad.

UNAS PROBABLES SOLUCIONES

La teología occidental aristotélico-tomista ha enseñado que el principio de nuestras acciones éticas es nuestra libre voluntad y que esta obedece a la ley suprema al someterse total y deliberadamente a Él/Ella.

Sabemos que la obediencia a las leyes universales de respeto y ternura no suprimen los defectos; todos somos falibles, capaces de malograrnos y así mismo todos somos capaces de enmendar y mejorar. Y también sabemos que a los defectos se los debe desaprobar para que su poder mengue a medida que nuestra entrega aumenta.

La solución no está en quitar los defectos sino en desaprobarlos. En hacerse cargo de si mismo y no en delegar a otros lo que nos corresponde por obligación, necesidad o provecho.

Al fin y al cabo, somos responsables de lo que decidimos y si la precaución nos acompaña, la tibieza se alejará de nuestro paisaje.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Medio muerto



En abril de 2008 envié un comunicado público a través de correos electrónicos, mi propio blog y otras redes sociales y allí denunciaba la incompetencia del Banco Pichincha. Hice públicos mis valores: la honestidad, la sinceridad, la paciencia y la compasión en el sentido budista. Hice pública mi vocación que ya era conocida por mis conocidos: ayudar al prójimo a través de la terapia y la docencia. Dejé claro quién era.

La semana anterior el juez primero de lo civil de Pichincha, después de haber esperado meses, quizá años (llevamos 4 años en este problema) emitió sentencia: No hubo daño moral del Banco Pichincha hacia mí. Y nuevamente me quedé reflexionando, realmente herido. Otra vez me enfrento a la negligencia y ahora no del banco sino frente a la JUSTICIA ECUATORIANA.

Hemos demostrado con documentos ese daño moral. Hemos probado que el Banco Pichincha secuestró nuestros fondos en febrero de 2007 tomando, sin mi consentimiento, el dinero de las personas con las que trabajo desde hace 10 años de manera pulcra e intachable.

Hemos demostrado que todo mi folio (documentación extensa donde había pruebas y más pruebas del daño moral) fue perdido ¿a propósito? de la sala judicial y de los archivos donde se ventila el caso.

Hemos demostrado la ineficiencia del abogado temporal del Banco Pichincha al llamarme a mí a confesión judicial sin siquiera saber que la persona a la que se estaba llamando era a su mismo cliente que casualmente lleva mi mismo apellido. ¿En confianza ………..siempre?

Hemos demostrado que se me negó el crédito sin explicaciones que, yo creo, por respeto se le debería dar a una persona cuando no se le va a brindar un servicio que la misma institución ha ofrecido. ¿En confianza….. siempre?

Hemos demostrado que alguien que sufre de un daño moral sufre de una depresión terrible. Estuve el hospital psiquiátrico durante una semana recuperándome de una depresión de 4 años a causa de los juicios.

Y yo sigo intacto. Pero estoy muy decepcionado de la justicia ecuatoriana. Parecería ser que un banco puede más que un Estado y eso no me deja ninguna garantía constitucional, ni de lejos.

Ahora estamos apelando pero estoy cansado y endeudado.

Lo que me mantiene fuerte es el espíritu de lucha que he aprendido de gente bella que me ha rodeado en estos momentos tan crudos y ahora quiero agradecerles: Lelis, su inteligencia me abruma; Diana, su caridad me hizo llorar de agradecimiento; Carmela, el amor en persona; Jonathan, Gabi, Raksha y Ramona, la amistad a toda prueba; Omar y Pía, la valentía de saber ser diferentes. La enorme cantidad de gente que ha estado conmigo y me ha dado la mano como si la de un Dios se tratara ha sido lo que mantiene mi pie casi firme. Pero estoy cansado.

Aún cuando lo esté, voy a seguir trabajando. Voy a pedir a todos mis amigos y amigas del taller Kairós que si conocen casos en los que una institución bancaria haya descalabrado a una persona o como en mi caso, una familia entera, se comunique conmigo a través de las redes sociales a las que estoy suscrito (hi5, facebook) o a través de mis correos electrónicos: taller_kairos@yahoo.com o lobokoalo@yahoo.com

Cuéntenme su historia, haré una investigación y creo que podemos llevar estos casos, que son abundantes, a un juicio justo.

Recuerdo algo que decía el Dalai Lama en una conferencia en Vietnam dada el 1 de febrero de 1996:

“El consejo de buda fue que evitásemos herir a los demás y a ser posible, que LOS AYUDÁCEMOS. Los demás seres son como nosotros que disfrutan con la felicidad y padecen con el sufrimiento. Si desarrollásemos un sentido de respeto hacia los demás y de preocupación por su bienestar reduciríamos el egoísmo que es el origen de todos los problemas y reforzaremos nuestro sentido de la benevolencia que es el origen natural de la bondad”

Si algo me sucede a mi o le sucede algo a mi familia, ya saben que pasó.

Gracias a todos por su amor que en bendita hora y a partir de esta circunstancia tan desagradable se ha desarrollado en lo más profundo de mi corazón porque yo TENGO A DIOS. EN CONFIANZA SIEMPRE………….