jueves, 15 de marzo de 2012

Examen de Conciencia


Los caminos de la autoexploración me han permitido conservar una serie de consejos útiles para una vida adecuada, una vida ética, una vida filosófica. 

Hace varios años que le dedico un tiempo al conocimiento filosófico y en esta fase de la vida, la década de los treinta, he regresado a los estoicos y los epicúreos, he retomado las antípodas del pensamiento clásico: lo apolíneo y dionisíaco. 

Dentro de su forma de ser/hacer/tener la vida, estos filósofos sabían de la imperiosa e inevitable necesidad de realizar un examen de conciencia diaria al levantarse y al acostarse con un breve recordatorio al mediodía. Tres veces a lo largo de la jornada se analizaban a sí mismos, consideraban su manera de ser, de vivir y de ver las dos realidades que siempre nos acompañan: la de fuera y la de dentro.

El objetivo era simple: tener un examen de conciencia.

Sabemos que la conciencia es el conocimiento que el ser humano posee sobre sí mismo; cuando el propio ser sabe sobre su existencia y su relación con el mundo entonces toma conciencia, por lo tanto, la conciencia es un despertar y el examen de la propia alma es un ejercicio espiritual.

La vida misma nos obliga a hacer siempre el bien. Todos los filósofos clásicos y todos los mejores filósofos contemporáneos coinciden en eso, el ser humano es una criatura destinada a hacer el bien. La simple máxima de Agustín de Hipona sería un riel de tren de nuestra cognición y conducta: Ama y haz lo que quieras.

Ser autoconsciente, tener entendimiento, reflexionar sobre los actos propios es ser ético.

Estamos tan acostumbrados a la inmoralidad, a lo impúdico, a aquellas cosas desvergonzadas e indecorosas, como la que nos vomitan los medios masivos de comunicación en donde prima lo indecente, lo  libertino, lo lujurioso, lo licencioso, lo indigno, lo corrompido, que creemos que no valdría la pena hacerse un análisis de conciencia. ¿Para qué evaluar la propia paja del ojo? Es mejor ver las noticias rosas, el cotilleo de las estrellas de cine y la televisión o los concursos henchidos de burla y chacota que hacer una introspección voluntaria al mundo de nosotros mismo.

Un ejercicio espiritual, una evaluación de los propios actos, un prudente cuestionamiento de las acciones que se han hecho durante el día es indispensable para dormir en paz.

Y para iniciarse en los ejercicios místicos (espirituales) es válido cuestionarse:

1.      ¿De qué mal sané hoy?
2.      ¿Qué vicio combatí?
3.      ¿En que soy mejor?
4.      ¿Qué es más bello que escudriñar el día?

Así, un examen de conciencia nos permite restablecer el vínculo con nuestro ser más profundo (el nous); además, la atención que le demos al mejoramiento  personal nos empuja hacia un actuar más racional, más comprometido con uno mismo y con el mundo.

Por lo tanto, nada más efectivo que iniciar, continuar y terminar el día con un ejercicio místico, el más noble que podemos hacer: analizar nuestro avance progresivo. Saber que puedo ser siempre un ser humano ético y espiritual.

domingo, 19 de febrero de 2012

Los componentes de la creatividad.

Los componentes de la creatividad. Una aproximación psicoanalítica y semiótica.

Las lecturas actuales acerca de la felicidad y la alegría me han llevado por los vericuetos de la creatividad.

Se sabe que desde finales de la década del 60 del siglo pasado las investigaciones psicológicas estaban tomando un nuevo curso. El psicoanálisis se había tomado todos los escenarios psicoterapéuticos y su casi exclusivo rival, el conductismo había desarrollado toda una doctrina denominada modificación de la conducta. Y en ese ambiente se desarrollaba también la psicología humanista, una forma alternativa de entender la psique del ser humano como una experiencia de constante construcción y transformación.

La Escuela de Palo Alto daba cuenta de la importancia de la palabra en la construcción de la identidad personal. Watslawick desarrollaba las teorías de la Realidad Inventada y clarificaba algo que Platón y los posteriores neoplatónicos ya lo sabían: nuestra realidad está edificada sobre un lenguaje muy antiguo, arquetipal, nuestra realidad está en las palabras que decimos. Los dioses mismos necesitan del significans vocis para construirlo todo. La palabra hace la luz y separa lo de arriba de lo de abajo.

Las palabras crean. Las palabras destruyen. Las palabras en sí mismas son neutras y lo que las hace constructivas o destructivas es la intención que viene dada por el usuario. El poder que tienen se conecta inevitablemente con el contexto en que fueron proferidas. Las palabras son contextuales, se adaptan a un tiempo-espacio específico. Se adaptan a los procesos y a las metas. Al ser de utilidad tan plástica, las palabras se acoplan a los lugares en donde son contenidas: el cerebro.

Y a medida que se desarrolla la capacidad léxica y se amplía el vocabulario, nos llenamos de palabras, nos apoderamos de la energía contenida en este significante y llevamos el sentido y la intención que queremos usar al significado atribuido a la información a la que se puede referir dicho significante.

En este proceso de relaciones entre el significante y el significado existe una hendidura por donde se puede filtrar el talento, la destreza y la inteligencia. A esa hendidura le asignamos  el nombre de creatividad y es un proceso mental complejo. Para entenderlo, analicemos sus componentes.

Componentes de la creatividad

La creatividad se compone del temperamento propio del individuo y del “don” que hemos recibido de la naturaleza. Cuando hablamos de temperamento se hace referencia a la disposición psicológica del individuo para adaptarse al medio. Así, ser oral, anal, fálico o genital en terminología freudiana; ser introvertido o extravertido en palabras de Jung; ser leptosomático, pícnico o atlético según la medicina griega antigua, será la forma de entender esta disposición psicológica denominada temperamento.

El “don” recibido se entiende como esa capacidad casi innata manual o mental en la que destacamos todos. A unos les gusta el bricolaje y a otros la jardinería. A unos les gusta las matemáticas y a otros las ciencias sociales. Entonces, el “don” es la capacidad natural que todos los humanos tenemos para hacer algo en lo que nos destacamos sin esfuerzo.

Del Talento

Se tiene un concepto claro del talento y se dice que es el conjunto de facultades o capacidades tanto artísticas como intelectuales. Estas capacidades generalmente se heredan. Existen padres hábiles para hacer hermosas tallas de madera e hijos que hacen guitarras con los mas exquisitos acabados. Existen madres que están capacitadas para comprender las complejas interacciones entre las células e hijas que estudian la medicina con la maestría con que la hicieron sus progenitoras. El talento se hereda.

El talento también puede ser considerado una bendición/maldición como es el caso del llamado chamánico a ser un medicene man u hombre medicina. La misma naturaleza hace al individuo un predestinado para el cumplimiento de esta obra.

En fin, el talento es inherente a todo ser humano y puede ser potenciado con el aprendizaje de cierto conocimiento y la experticia que trae el estudio y la práctica.

De la Destreza

Cuando uno sabe cuál es su talento, se genera la destreza. La desenvoltura con la que podemos llevar a cabo la actividad en la cual destacamos de forma natural nos llevará a la maestría, al conocimiento profundo de nuestro talento.

Sabemos que el manejo de una destreza implica confiar en la propia vocación interna. Desde niños tenemos una inclinación natural que nos facilita comunicarnos mejor o con el ambiente interno o con el ambiente externo. A eso le llamamos introversión y extraversión, respectivamente. Todos tenemos esa conciencia de relacionarnos mejor o con nosotros mismos o con los demás. Todos sabemos si nos gusta estar meditando y pensando y desarrollamos un complejo mundo interior gobernado por la imaginación o, por el contrario, si no podemos dejar de llamar a otros por no estar solos y asi evitar el mundo interior y tener constantemente a la palabra en voz alta a flor de piel. Esas son las destrezas naturales.

La persona que ha identificado su destreza debe confiar en su vocación interna, en ese llamado que se siente cuando se esta listo y además debe dejar fluir el natural desarrollo del talento natural. No resistirse a los impulsos creativos del talento permite comprender profundamente la naturaleza de las cosas.

De la Inteligencia

Cuando hablamos de esta facultad humana compleja tenemos necesariamente que escribir sobre el conocer, el analizar y el comprender. 

La inteligencia primitiva, la de la supervivencia en donde empieza todo, nos dice instintivamente que venimos de la Madre, que venimos de la Tierra. Que nuestro origen es eminentemente divino y creativo. Este es el conocer.

Si también aplicamos una inteligencia transpersonal al individuo, este sabe que existe una presencia divina que le hace tener conciencia de su propio ser. Sabe que puede entusiasmarse (entusiasmo: del latín en=dentro y theos=dios, dios dentro) y constata la presencia del divino con el cumplimiento de sus deseos mediados por la oración.

Ser inteligente es ser hábil, diestro, experto. Ser inteligente garantiza al ser humano su unicidad y su comprensión de lo que realmente es importante. Y una de las cosas importantes que debe acompañar nuestro actuar diario es aprender a ignorar las críticas y los juicios de los otros que no aportan nada constructivo para el desarrollo personal o espiritual. La inteligencia debe manifestarse como una eslabón del aprendizaje.

Conclusión

Sabemos que nuestra vida está a expensas de nuestras decisiones y una de ellas es la determinación para tener fe; una fe acompañada de inteligencia, talento y destreza.  

Recordemos lo que por naturaleza nos es compatible con nuestro ánimo y nuestra disposición manual o intelectual y así haremos del encuentro con la creatividad una situación frecuente y refrescante.




domingo, 12 de febrero de 2012

Psicoanálisis de la Anorexia y Bulimia

Esta es la entrevista que hicieron a unas colegas y a mí acerca de los trastornos alimenticios anorexia y bulimia.
Escuchenlo y espero sus comentarios.

Lobsang


http://www.multimedios106.com/nota_ind.aspx?id_modulo=11&id_catgeneral=39&id_detmodulo=44476

lunes, 2 de enero de 2012

Filosofía Tolteca

Este año empiezo mis escrituras con una filosofía preciosa: La Tolteca.

Fuera de los conocimientos arqueológicos en strictu sensu esta cultura me interesa mucho por su contexto espiritual. Ellos son los sabios de mesoamárica precolombina y como tales, sus enseñanzas llegan a lo más profundo del alma.


La Filosofía Tolteca se basa en los Cuatro Acuerdos.

1. Honrar la palabra. Ser impecable con las palabras. En la biblia cristiana, Juan 1:1, el apóstol dice que en el principio era el verbo y el verbo era con Dios y el verbo era Dios. Allí la importancia de la palabra es determinante. Sabemos por experiencia personal cuán doloroso puede llegar a ser un encuentro con las palabras de los padres, amigos, conocidos e inclusive de cualquier desconocido. Sabemos también como es ese agradable sabor de boca cuando alguien nos palabrea, nos mima con el lenguaje y nos hace sentir bien. La palabra es poder. Los Toltecas sabían que la palabra no es solamente un flatus vocis del que hablaban los latinos, un simple aire que sale de los pulmones y se los lleva el aire. No. La palabra es poder y como tal puede golpear o puede bendecir. Lo mejor de todo, y como siempre, es nuestro libre albedrío. La capacidad de decidir que palabras vamos a usar nos hace maestros de nuestra propia facultad linguística. Nos hace amos o esclavos de lo que callamos o decimos, respectivamente. Nuestro deber está entonces en saber HONRAR la palabra.Lo que decimos tiene que calzar con lo que hacemos.

2.No tomes nada personal. El trabajo interno con el egoísmo Esta regla de vida facilita enormemente el estado psíquico de paz mental. Si bien es cierto que lo que más importa somos nosotros mismos, todos llevamos el gen del egoísmo como huella de nuestra supervivencia, es también cierto que todo lo que nos sucede se lo hace en nuestra mente para otros. Recuerdo lo que decía Jaques Derrida cuando en el funeral de Roland Barthes hablaba de la muerte: "uno no muere para si mismo, muere para los demás". Somos los cocreadores de nuestra vida y ella se hace primero en nuestra pantalla mental. Por tal motivo todo lo que hagamos y las respuestas que recibamos las vamos a canalizar como si fueran para afuera. La verdad es que al tomarnos las cosas de forma personal estamos abriendo una herida difícil de sanar. En la vida no hay que tomarse nada como si hubiera sido hecho a propósito para hacernos sentir bien o mal.

3.No hagas suposiciones. Pedir datos antes de actuar Como psicoterapeuta veo constantemente las riñas de las parejas o de los amigos debido a este virus mental: suponemos que el otro sabe lo que yo quiero sin informárselo. Grave y craso error. Una de las formas más fáciles de errar es creer saber lo que la otra persona está pensando. Nadie puede meterse en nuestra mente y "escuchar" lo que estamos pensando. Nadie puede meterse en nuestras conexiones nerviosas y entender una respuesta si previamente no se ha explicado el contexto. Es nuestra responsabilidad por salud mental y espiritual pedir información acerca de algo que no entendemos, algo que no ha quedado claro o alguna instrucción que no podemos realizar. Es nuestra responsabilidad hacer saber a los otros lo que queremos honrando nuestra palabra.

4.Has lo mejor que puedas. Darse con integridad. El "darse" no es algo común, requiere de paciencia y más que nada de altruísmo, el opuesto del egoísmo. Hacer lo mejor que se puede hacer significa que en cada acción hecha dejemos nuestra firma de responsabilidad. ¿Cómo hago mi trabajo, mis estudios, mi profesión? No sería válido hacer lo que nos toca hacer solo para salir del apuro, solo para decir que cumplimos. Sería mejor hacer todo con la satisfacción del deber cumplido y con la tranquilidad de haber hecho lo que mejor que se podía hacer.

Es nuestra responsabilidad como habitantes del tercer planeta cuidar nuestros recursos y dentro de ellos el recurso más importante para la civilización: El Lenguaje.

domingo, 20 de noviembre de 2011

Méritos y virtudes


Cuando estamos caminando, viviendo en general, estamos acercándonos a algo: la eternidad, y mientras estamos aquí en la tierra debemos llenarnos de méritos y virtudes, de esa manera podemos evolucionar y hacer de nuestra vida una virtud privada y pública.

Las coordenadas temporales en la cultura occidental son lineales. Creemos que hay un pasado inalienable, un presente en movimiento y un futuro en construcción y los tres tiempos están regulados por el topos, el lugar geográfico donde se suceden las cosas.

Estas coordenadas de tiempo y espacio nos generan causas y efectos en el cuerpo material en el que vivimos, un cuerpo, por cierto, lleno de fallas e imperfección. Todos los días soportamos su envejecimiento y las pastillas en la mesa de noche nos dicen que estamos deteriorándonos.

Sin embargo, a medida que envejecemos también podemos madurar emocionalmente. La forma de medir la madurez es la evolución, ese desarrollo gradual o avance de los organismos que los lleva a ser mejores cada vez.

¿Cuál es el topos, el lugar, donde se cosecha nuestra evolución? El futuro

¿Cuál es el tesoro que debemos cultivar en la tierra? Los buenos pensamientos, sentimientos y acciones. Así, con buenos pensamientos, buenos sentimientos y buenas acciones hacemos este presente que será el semillero del futuro.

Recuerdo una frase que he creado yo mismo en mis exploraciones por los confines de la desesperación y dice "PARA VENCER A LOS DEMONIOS SE DEBEN HACER MÉRITOS" y esos demonios están en nuestro propio interior, en esa parte demasiado humana llamada conciencia, en esa capacidad del propio ser humano para saber acerca de si mismo, de su existencia y de su interacción con el mundo. Allí en medio de la conciencia está el cerebro reptiliano que precipita a los seres humanos a ser simples entes seguidores de sus instintos, atados al miedo, la ira o el amor.

Afortunadamente los miles de años de evolución neurológica y adaptativa nos han llevado a ser concientes también de ese otro lado, el de el deber, esa emoción neocorteciana, esa obligación ética o legal que nos ha hecho llegar a la civilización y que ahora nos permite hablar de justicia, equidad, respeto y democracia.

Para evolucionar debemos hacer méritos, debemos dirigir nuestra energía a la consecución de un premio social o individual. El mérito brilla por el resultado. Un premio o un reconocimiento puede llenar la vida de sentido y viceversa. Para llegar al premio es indispensable llenarse de sentido. Una vida sin sentido no puede resultar meritoria.

Además, para evolucionar necesitamos desarrollar virtudes, cualidades que la cultura ha denominado como correctas. Y el camino no es difícil, debe ser un camino con corazón. Cuando cumplimos con nuestras responsabilidades, cuando a través de nuestro comportamiento damos luces a otros seres que nos ven, que nos escuchan que estamos dando lo que podemos, enseñando o compartiendo en y de nuestro trabajo, entonces somos merecedores de una gran recompensa, la paz mental.

Queda bajo nuestra responsabilidad obtener los méritos que creamos nos los merecemos por el desarrollo de nuestras virtudes.