
Se sabe que desde finales de la
década del 60 del siglo pasado las investigaciones psicológicas estaban tomando
un nuevo curso. El psicoanálisis se había tomado todos los escenarios
psicoterapéuticos y su casi exclusivo rival, el conductismo había desarrollado
toda una doctrina denominada modificación
de la conducta. Y en ese ambiente se desarrollaba también la psicología
humanista, una forma alternativa de entender la psique del ser humano como una
experiencia de constante construcción y transformación.
La Escuela de Palo Alto daba cuenta
de la importancia de la palabra en la construcción de la identidad personal.
Watslawick desarrollaba las teorías de la Realidad Inventada y clarificaba algo
que Platón y los posteriores neoplatónicos ya lo sabían: nuestra realidad está
edificada sobre un lenguaje muy antiguo, arquetipal, nuestra realidad está en
las palabras que decimos. Los dioses mismos necesitan del significans vocis para construirlo todo. La palabra hace la luz y
separa lo de arriba de lo de abajo.
Las palabras crean. Las palabras
destruyen. Las palabras en sí mismas son neutras y lo que las hace
constructivas o destructivas es la intención que viene dada por el usuario. El
poder que tienen se conecta inevitablemente con el contexto en que fueron
proferidas. Las palabras son contextuales, se adaptan a un tiempo-espacio
específico. Se adaptan a los procesos y a las metas. Al ser de utilidad tan
plástica, las palabras se acoplan a los lugares en donde son contenidas: el
cerebro.
Y a medida que se desarrolla la
capacidad léxica y se amplía el vocabulario, nos llenamos de palabras, nos
apoderamos de la energía contenida en este significante y llevamos el sentido y
la intención que queremos usar al significado atribuido a la información a la
que se puede referir dicho significante.
En este proceso de relaciones entre
el significante y el significado existe una hendidura por donde se puede
filtrar el talento, la destreza y la inteligencia. A esa hendidura le
asignamos el nombre de creatividad y es
un proceso mental complejo. Para entenderlo, analicemos sus componentes.
Componentes
de la creatividad
La creatividad se compone del
temperamento propio del individuo y del “don” que hemos recibido de la
naturaleza. Cuando hablamos de temperamento se hace referencia a la disposición
psicológica del individuo para adaptarse al medio. Así, ser oral, anal, fálico
o genital en terminología freudiana; ser introvertido o extravertido en
palabras de Jung; ser leptosomático, pícnico o atlético según la medicina
griega antigua, será la forma de entender esta disposición psicológica denominada
temperamento.
El “don” recibido se entiende como
esa capacidad casi innata manual o mental en la que destacamos todos. A unos
les gusta el bricolaje y a otros la jardinería. A unos les gusta las
matemáticas y a otros las ciencias sociales. Entonces, el “don” es la capacidad
natural que todos los humanos tenemos para hacer algo en lo que nos destacamos
sin esfuerzo.
Del
Talento
Se tiene un concepto claro del talento y se dice que es el conjunto de facultades o capacidades tanto artísticas como intelectuales. Estas capacidades generalmente se heredan. Existen padres hábiles para hacer hermosas tallas de madera e hijos que hacen guitarras con los mas exquisitos acabados. Existen madres que están capacitadas para comprender las complejas interacciones entre las células e hijas que estudian la medicina con la maestría con que la hicieron sus progenitoras. El talento se hereda.
El talento también puede ser considerado una bendición/maldición como es el caso del llamado chamánico a ser un medicene man u hombre medicina. La misma naturaleza hace al individuo un predestinado para el cumplimiento de esta obra.
En fin, el talento es inherente a todo ser humano y puede ser potenciado con el aprendizaje de cierto conocimiento y la experticia que trae el estudio y la práctica.
De la Destreza
Cuando uno sabe cuál es su talento, se genera la destreza. La desenvoltura con la que podemos llevar a cabo la actividad en la cual destacamos de forma natural nos llevará a la maestría, al conocimiento profundo de nuestro talento.
Sabemos que el manejo de una destreza implica confiar en la propia vocación interna. Desde niños tenemos una inclinación natural que nos facilita comunicarnos mejor o con el ambiente interno o con el ambiente externo. A eso le llamamos introversión y extraversión, respectivamente. Todos tenemos esa conciencia de relacionarnos mejor o con nosotros mismos o con los demás. Todos sabemos si nos gusta estar meditando y pensando y desarrollamos un complejo mundo interior gobernado por la imaginación o, por el contrario, si no podemos dejar de llamar a otros por no estar solos y asi evitar el mundo interior y tener constantemente a la palabra en voz alta a flor de piel. Esas son las destrezas naturales.
La persona que ha identificado su destreza debe confiar en su vocación interna, en ese llamado que se siente cuando se esta listo y además debe dejar fluir el natural desarrollo del talento natural. No resistirse a los impulsos creativos del talento permite comprender profundamente la naturaleza de las cosas.
De la Inteligencia
Cuando hablamos de esta facultad humana compleja tenemos necesariamente que escribir sobre el conocer, el analizar y el comprender.
La inteligencia primitiva, la de la supervivencia en donde empieza todo, nos dice instintivamente que venimos de la Madre, que venimos de la Tierra. Que nuestro origen es eminentemente divino y creativo. Este es el conocer.
Si también aplicamos una inteligencia transpersonal al individuo, este sabe que existe una presencia divina que le hace tener conciencia de su propio ser. Sabe que puede entusiasmarse (entusiasmo: del latín en=dentro y theos=dios, dios dentro) y constata la presencia del divino con el cumplimiento de sus deseos mediados por la oración.
Ser inteligente es ser hábil, diestro, experto. Ser inteligente garantiza al ser humano su unicidad y su comprensión de lo que realmente es importante. Y una de las cosas importantes que debe acompañar nuestro actuar diario es aprender a ignorar las críticas y los juicios de los otros que no aportan nada constructivo para el desarrollo personal o espiritual. La inteligencia debe manifestarse como una eslabón del aprendizaje.
Conclusión
Sabemos que nuestra vida está a expensas de nuestras decisiones y una de ellas es la determinación para tener fe; una fe acompañada de inteligencia, talento y destreza.
Recordemos lo que por naturaleza nos es compatible con nuestro ánimo y nuestra disposición manual o intelectual y así haremos del encuentro con la creatividad una situación frecuente y refrescante.